A un lado de la imagen vemos varios símbolos religiosos y espirituales: una cruz, el símbolo del Ohm y un rosario budhista que se sitúan junto a un mando de consola. Para mí el mando de consola representa las nuevas mitologías que estamos generando en nuestra cultura contemporánea.

En una sociedad mayoritariamente “atea”, donde “hemos matado a Dios”, nuestra vinculación con las proyecciones arquetípicas y mitológicas están siendo creadas a través de la cultura pop, los videojuegos, las series, los libros… Uno de mis ejemplos favoritos, dentro de las nuevas cosmologías que se están creando ante nuestros ojos, es el videojuego Dark Souls. Si se estudia el lore e historia que representa este videojuego, en mi opinión, es muy parecido a los mitos de cualquier cultura antigua.

Es este concepto, de que las nuevas proyecciones psicológicas culturales se están creando en torno a la cultura pop actual, lo que quería transmitir con esta parte de la escena que se observa en la imagen, siendo esto lo que da nombre a la obra.

Se ve también un ciervo, uno de los principales animales totémicos. El ciervo representa, entre muchas cosas, la pureza, la gracilidad y el crecimiento espiritual. Sus astas crecen sobre sus cabezas hacia el cielo y se vinculan a nivel simbólico con el árbol, otro elemento de crecimiento espiritual y del ciclo de la vida. Estas se renuevan cada año en primavera y en diferentes culturas representan el renacimiento y la fertilidad.

A Budha se le representa muchas veces con dos ciervos a los lados, pues la leyenda dice que en una vida anterior se reencarno en uno de estos animales de color dorado, ayudando a las personas a superar sus pulsiones instintivas y el sufrimiento originado por estas. Lo hacía orientándoles hacía el camino espiritual, hacía el noble camino óctuple, una de las bases de las enseñanzas budhistas que ayuda a superar el “dukkha”, el dolor y el sufrimiento causados por el deseo.

A lo largo de las diferentes culturas podemos encontrar una gran diversidad de dioses con astas de ciervo, un ejemplo sería Cernunnos, el dios celta de la fertilidad, que además tiene un papel de psicopompo, ya que guía a las almas de los difuntos hacía el más allá.

Hay un antiguo dolmen en Irlanda en el que se encuentran inscritas las siguientes palabras:

“¿Has visto el ciervo blanco?
El que lo vea será bendecido.
En un granero/establo desconocido, de una estrella lejana.
¿Has visto el ciervo blanco?
El que lo vea vivirá mucho tiempo en el principado de Arianrhod
y probará hidromiel y frutos de plata.”

También hay una gran diversidad de diosas vinculadas a este animal de poder, la diosa celta Flidais, diosa de la caza, del bosque y de la bestias, o artemisa diosa de la caza del panteón griego y su homologa Diana, de la mitología romana.

En la leyenda de El Rey Arturo un ciervo blanco indicaba el camino para llegar al Santo Grial, símbolo de la iluminación y de la plenitud espiritual, además de lo femenino. También en la ilustración aparece El Grial como un vaso derramando su agua. Se sitúa justo debajo del ciervo, en el suelo hueco, como una cueva, que representa al inconsciente.

El ratón que vemos a un lado, junto a una llave, representa lo que el ser humano no suele mirar. Los ratones se vinculan con las plagas y la enfermedad, pero también son seres muy inteligentes, que exploran la parte oculta.

Viven en sus madrigueras, que tienen que ver con lo subterráneo, son pues conocedores de lo que a los humanos nos gusta ignorar, tienen la llave y son guías del inconsciente.

Además se les relaciona con la fecundidad, la abundancia, la comida, la riqueza y la buena suerte en la cultura china.

Son la montura del dios Ganesha hindú, el dios con cabeza de elefante, al que curiosamente, entre otras muchas cosas, también se le vincula con la prosperidad y la riqueza.

Hay un famoso templo, llamado Bikaner, en la India, dedicado a las ratas, avatares de la mística Karni Mata, que vivió en el siglo XIV y que es considerada como una de las reencarnaciones de la diosa Durga.

Se piensa que las ratas son la reencarnación de Karni Mata y sus discípulos ya que, en una ocasión, cuando Karni Mata pidió a Yama, el dios de la muerte, que resucitara a una persona que había fallecido de forma trágica, este se negó. Algo que no gusto a Karni Mata, que viéndolo injusto decidió que a partir de ese momento, tanto ella como todos sus discípulos, se reencarnarían en estos roedores, arrebatando al dios Yama el control de sus almas. Es por ello que se las cuida y se las alimenta, siendo especialmente apreciadas las de color blanco, que se consideran directamente la propia Karmi Mata o alguno de sus familiares.