Que inmaduros y que jóvenes nos veíamos a la luz de los focos de la discoteca,

con nuestro vodka aguado y nuestras sonrisas de extrarradio.

 

Pausados en nuestra entre niebla,

pura inconsciencia adolescente.

 

Que simple nuestro entender del momento.

Pero que tierno.

 

Las primeras caladas de un cigarrillo compartido,

que se intercalaban con un suspiro algo escurridizo y solitario.

 

Lo importante suele ser fugaz y normalmente pasa desapercibido,

pero ese suspiro irradiaba todo el sentimiento de un gurú iluminado.

 

Un momento irrepetible.

Un momento sencillo y sincero,

irrepetible en el trascurrir del tiempo y de la historia de los hombres.

 

Poco a poco nos encogíamos ante la inmensidad de lo existente,

ante el amanecer, el frío y lo cotidiano.

 

Nosotros pequeños,

nosotros prescindibles,

nosotros pasajeros.

 

The Last Night

60x80cm. – Acrílico sobre tabla de madera.

Blanca de la Torre